domingo, 6 de julio de 2008

LOS VALORES UNA CONSTRUCCIÓN PERSONAL Y SOCIAL EN LA ESCUELA

Introducción

La formación de valores en la educación secundaria se convierte en una tarea difícil debido a la diversidad de valoraciones personales y sociales que establecen los alumnos. Formar un estudiante consciente y coherente con la realidad implica un trabajo estratégico para la educación.
En el presente ensayo nos proponemos reflexionar sobre la educación en valores entendiendo a la educación, en el sentido estricto es formación, es decir, un proceso por el cual se constituye el Sujeto como tal a partir de la creación cultural y de la realización de valores; La justicia y la democracia constituyen los valores sociales fundamentales, porque contribuyen a la realización de la libertad y de la dignidad humana y por lo tanto deben ser los ordenadores del modelo pedagógico para la educación conforme a valores y como elementos del modelo pedagógico la interacción educativa escolar ha de tener las características de la acción comunicativa y la docencia a de ejercerse como praxis.

Desarrollo:
De ahí la necesidad de preguntarnos ¿Es posible la educación conforme a valores? Y en caso de que sean posibles ¿Cuáles son las condiciones que la hacen posible? Para responder a la primera pregunta se hace necesario esclarecer el significado del término educación conforme a valores.

¿Es posible la educación conforme a valores?
Si entendemos que educación es, sobre todo, un proceso de carácter formativo, que incluye y supera a otros: el cultivo, la enculturación y la socialización; procesos todos ellos que se llevan mediante aprendizajes[1].
Al cultivo lo entendemos como proceso que contribuye al desarrollo de la personalidad del alumno que implica la adquisición de competencias (capacidad de resolver problemas) y determina motivos para asegurar su identidad y su reproducción, para interactuar con otros seres humanos y relacionarse con su medio natural; a la socialización la defino como la incorporación del alumno a ciertas integraciones sociales gracias a que ha internalizado ciertas ordenes normativas consideradas legítimas y a los cuales tiende a estabilizar, y a la enculturación la entendemos como la apropiación de la cultura (los saberes y los objetos en los que estos se concretan) por parte del adolescente y la adquisición de competencias que le permitan hacer uso de esa cultura con la finalidad de satisfacer sus propias necesidades y contribuir a la reproducción de dicha cultura. En el ámbito escolar, estos procesos se provocan de manera deliberada y sistemática, al hacer propicio que el educando logre los aprendizajes necesarios para desarrollarse, socializarse y apropiarse de su cultura.
Sin embargo, estos procesos resultan insuficientes si lo que se pretende lograr es un sujeto realizador de valores. Esta insuficiencia se debe a que por una parte, el cultivo se centra en los cambios internos del alumno, sin atender a las transformaciones que éste pudiera realizar en la realidad objetiva y por otra parte, aunque la socialización y la enculturación vinculan al adolescente con su medio ambiente social, este se le presenta como algo dado, heredado de generaciones anteriores, como resultado que se le impone sin que él lo elija, como orden al que tiene que adscribirse, en fin, como el pasado que lo atrapa, que lo fija en el presente.
La formación, en cambio, significa el proceso por el cual el sujeto se construye como tal (como para sí) a partir de sus objetivaciones, es decir, el sujeto se forma al crear cultura pues en ese proceso transforma la realidad y se transforma a sí mismo.
La formación implica la adquisición de competencias para plantearse problemas (y no solo para resolver problemas conforme a ciertos esquemas aprendidos), para enfrentar situaciones inéditas y para participar de manera intencional, reflexiva, critica y creativa en la preservación, generación y transformación de la cultura, así como de la organización, desarrollo, critica y transformación de los ordenes normativos sociales. La formación coloca al individuo en un presente en movimiento, al que ha de dar sentido con vistas al futuro. En consecuencia, es un proceso que implica la conciencia de la historicidad y la síntesis sujeto – objeto.
Con base en las argumentaciones que he aportado considero a la educación en valores como un proceso que necesariamente incluye: el cultivo, la socialización, la enculturación y la formación. En consecuencia, el termino educación conforme a valores se refiere a una educación en, sobre, para y por valores.
Como socialización, la educación conforme a valores consiste en la internalización, por parte del educando de normas legítimas que implican valores, que generan en él disposiciones (cognoscitivas y afectivas) favorables a éstos. Como se trata de órdenes normativos que se le imponen al alumno, la socialización se lleva a cabo por la vía de la interacción maestro – alumno, alumno – alumno conforme a ciertos órdenes regulativos prevalecientes en el ámbito escolar, que es deseable que posean una fuerte carga de valor.
Como enculturación, la educación en valores consiste en la “transmisión de saberes”, se trata de propiamente de transmisión de información, pues ni los conocimientos ni los valores pueden en sentido estricto transmitirse. Esa información es la expresión de creencias que pueden ser aceptadas – dependiendo de su contenido y de sus pretensiones de validez -. Como enculturación, la educación valoral es fundamentalmente educación sobre valores.
Como cultivo la educación valoral consiste, por una parte, en un desarrollo, es decir, en un proceso que conduce al sujeto de un estado inferior a otro superior de construcción de estructuras intelectuales y morales, como resultado de ese proceso, el sujeto adquiere ciertos hábitos, habilidades y competencias que son necesarios para preferir y realizar valores. En consecuencia, la educación valoral en este nivel es educación para los valores.
Como formación la educación valoral consiste en promover, intencionalmente, que el educando se objetive mediante una praxis que, por orientarse a realizar valores, requiere de ciertos hábitos, habilidades y competencias. Es gracias a ese movimiento de objetivación que el educando se forma como sujeto. En ese nivel, la educación valoral es educación por los valores.
Si entendemos a la educación valoral o educación conforme a valores como la conjunción de los procesos a los que hemos aludido y que tienen en su base el aprendizaje, no cabe entonces pensar en su imposibilidad.
La educación conforme a valores resulta entonces del andamiaje de procesos complejos e interdependientes que denominamos: socialización, enculturación, cultivo, y formación.
¿Cuáles son las condiciones que la hacen posible?
Una vez que hemos llegado a la conclusión de que la educación en valores es posible, procedemos a examinar cuales son las condiciones que la hacen posible ya que podemos inferir que la educación conforme a valores no consiste en la repetición de información referida a valores o en la imposición de normas y valores; por el contrario es un proceso formativo que requiere de una estructura básica la cual, en la medida que favorece la acción comunicativa, limita la acción estratégica y hace posible la participación activa del alumno en la determinación de las regulaciones y decisiones institucionales en un clima de respeto, en condición de posibilidad de una socialización cargada de valores, que es el punto de partida del proceso formativo.
Considero que para la formación en valores se debe establecer algunos principios pedagógicos esto es porque un método pedagógico pasa a ser un tema de principios racionales y de reglas generales, más que un conjunto de formulas de carácter empírico y cuyos procedimientos son vacios de valor, (Avanzini, 1985). El método pedagógico aporta la forma a las interacciones que se hacen en el aula, por otra parte los contenidos educativos constituyen la materia de esas interacciones que suceden.
Por tanto la acción del docente se deberá centrar en algunos principios pedagógicos y permitir regular los contenidos a partir de lo siguiente:
Primer principio:
El alumno debe lograr habilidades que le permitirán participar en la comunicación y su discurso practico.
La experiencia al respecto se basa en reconocer a partir de las observaciones realizadas, el docente debe tender a que su alumno adquiera la habilidad de poder desarrollarse como oyente y hablante competente; es decir el dominio del lenguaje le permite al alumno expresar con claridad los acuerdos y desacuerdos respecto a determinados valores y así tomar en cuenta los argumentos para apoyar ya sea su posición o la de sus compañeros y tener la capacidad para poder interpretar las razones expuestas en el grupo.
Segundo principio
El alumno como sujeto de elección debe tener acceso a información.
Para este punto la observación realizada exploro la necesidad de pertinencia de información, primero para el alumno debido a la reconstrucción de la significación de los términos de valores. En un segundo lugar es la necesidad para dar sentido a los valores y por último la suficiente información para realizar su preferencia por algún valor en específico. En el aula el profesor presenta las diversas significaciones que tienen los términos que designan valores y debe propiciar la participación del alumno hacia la construcción de su propio significado[2]
Tercer principio
La actividad docente debe favorecer los procesos de descentramiento e interestructuración que contribuyen al desarrollo intelectual y moral del alumno.
Toda adquisición de hábitos, habilidades y competencias que forman parte de la formación del educando conforme a valores tiene su base en el descentramiento[3] cognoscitivo y afectivo, implica el distanciamiento respecto al punto de vista propio para captar la realidad de manera no referida al yo como centro del mundo. El proceso de interestructuración debe ser favorecido esto es, que el alumno en su actividad cognitiva y afectiva reestructura al objeto y es reestructurado por efecto de su relación con éste. Recordemos que primero asimila; después acomoda confirmando o negando sus esquemas para llegar a la autorregulación.
Cuarto principio
Como crítico y creador de cultura el alumno debe adquirir habilidades de pensamiento básico, así como la disposición sentimental favorable a los valores.
El término habilidades de pensamiento se emplea para ese conjunto de operaciones de carácter fundamental como son: observar, comparar, relacionar, clasificar, ordenar, analizar, elaborar síntesis y evaluar.
Una habilidad que se vincula con la disposición afectiva es la de elaboración del sentido, es decir, pasa a ser la capacidad de negociar significados e interpretaciones así la elaboración del sentido de historia que implica la significación del valor y norma en relación con el ahora del sujeto y del presente de la comunidad. Por eso en una situación particular cuando los alumnos sienten es que están implicados en algo ya sea para la acción o para el pensamiento.
Quinto principio
El docente favorecerá la construcción o reconstrucción de las reglas por el alumno.
Esto significa y me refleja que como docente se debe de tomar en cuenta que existe una relación dialéctica entre la representación social de las reglas y el desarrollo individual de la construcción cognitiva de esas reglas. Las reglas culturales en los alumnos se examinan, utilizan y aclaran en los momentos más insignificantes de su vida, pero gracias a su interacción interpersonal cada alumno realiza la negociación del significado y el conocimiento del valor en discusión, en una situación cara a cara para poder definirlo.
Conclusiones
La educación en valores tiene como base tres procesos de formación que son: a) El cultivo entendido como un proceso que favorece el desarrollo intelectual y moral del educando; b) La socialización, cuya función es la incorporación del alumno a las instituciones e integraciones sociales y se funda en la internalización de ordenes normativas consideradas como legitimas y en la identificación del alumno con otros significantes. c) La enculturación que definimos como la apropiación de la cultura por parte del alumno y la adquisición de competencias que le permiten hacer uso de esa cultura para satisfacer sus necesidades. La formación contiene y supera estos procesos en la medida en la que prepara al alumno para participar mediante su praxis intencional, reflexiva, critica y creativa en la transformación cualitativa de las estructuras culturales y de sí mismo como sujeto.
El proceso educativo ha de ser una interacción comunicativa que no lesione la dignidad humana y que se oriente a promover aprendizajes que favorezcan el descentramiento del sujeto, la formación de habilidades que le permitan al alumno actuar como oyente y hablante competente, como persona social, como lector, autor y actor; como persona que determina sus necesidades preferenciales y ejerce sus derechos: como sujeto que pronuncia su palabra y da sentido a la historia, realizando valores y transformándose a sí mismo.




BIBLIOGRAFIA

Avanzini, G. (1985). Inmovilismo e innovación en la escuela. Barcelona.Oikos - Tau.
Bruner, J. (1987). La importancia de la educación. Barcelona. Paidos.
Delors, J. (1996). La educción encierra un tesoro. Madrid, España. Siglo XXI.
Estevez, J. (enero de 2005). CREFAL. Recuperado el 30 de abril de 2008, de BIBLIOTECA DIGITAL CREFAL. http://www.crefal.edu.mx/publicaciones/tradición.htm
Marchesi, A., Diaz, T. (2003). Las emociones y los valores del profesorado . Recuperado el 30 de abril de 2008, de Fundación Santamaria: http://www.fundacionsantamaria.org
Pestaña, P. (2004). Aproximación conceptual al mundo de los valores. Recuperado el 28 de abril de 2008, de Revista electronica iberoamericana sobre calidad eficacia y cambio en educación. http://www.ice.deusto.es/rinace/vol2n2/pastrana/pdf
Piaget, J. (1974). A dónde va la educación. Ginebra: UNESCO - TEIDE.
Tedesco, J. C. (1996). La educación y los nuevos desafios de la formación del ciudadano. Nueva Sociedad Nro.146 Noviembre-diciembre , pp74 - 89.
[1] Piaget J. (1974) El aprendizaje es el equilibrio relativo de operaciones cada vez más complejas, abstractas, generales y reversibles. P
[2] Bruner J (1987), ofrece una serie de principios pedagógicos cuando lo hace lo toma de un documento prescriptivo para una guardería, pero no deja de ser útil como principio pedagógico general.
[3] Piaget J. (1974)En palabras de Piaget: …el obstáculo esencial que se opone al progreso de la coordinación intelectual y a la reciprocidad moral no es otro que la actitud más espontanea y mas inseparable de cualquier conciencia individual e incluso colectiva; es el egocentrismo, intelectual y afectivo, anclado en cada espíritu en la medida que es más primitivo y aun no descentrado por las interacciones sociales; y es el sociocentrismo intelectual y afectivo que reaparece a su vez en cada unidad colectiva en la medida que de nuevo no se consigue efectuar una descentración necesaria… esta liberación indispensable en relación al yo y al nosotros exige incluso un esfuerzo intelectual y moral considerable y supone una constante voluntad.

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